Gran Vía 1

Gran Vía 1

Grassy se instaló en 1953 en un edificio emblemático situado en el número 1 de la Gran Vía madrileña. El edificio, que marca el arranque de la calle, es obra del arquitecto Eladio Laredo Carranza, que lo diseñó en 1916 según el estilo ecléctico característico de la época, que incluía abundantes elementos decorativos con detalles escultóricos como las figuras femeninas sobre los portales, además de paneles cerámicos, algunos de los cuales dibujó el artista Daniel Zuloaga. El propietario del solar era su amigo, el financiero Luis Ocharán Mazas, que le había encargado un edificio de viviendas de lujo. Debido a la pronunciada forma triangular del solar, el arquitecto concibió un edificio en forma de uve, compuesto por dos construcciones independientes que se comunican en un portal a modo de pasaje entre la Gran Vía y la calle Caballero de Gracia, dejando un patio central. El vértice de dicha uve corresponde a la esquina a modo de proa que el arquitecto resuelve en forma de rotonda y que se remata en la cubierta con un templete circular. Durante décadas, el local que daba a la calle y el de la primera planta estaban ocupados por el conocido Café Sicilia Molinero y su salón de té.

Café Molinero, circa 1940, Gran Vía 1, Madrid. Futuro local de la joyería Grassy.

Fue en este local donde Alexandre Grassy decidió establecer su nueva joyería renovando todo el interior –que hasta entonces era de estilo neoclásico francés con abundancia de molduras y guirnaldas decorativas–, pero conservando la estructura original. De ello se encargó el arquitecto Manuel Ambrós Escanellas, que huyó de barroquismos y abigarramientos para centrarse en los materiales nobles, las buenas proporciones y un medido uso del color. Todos los materiales utilizados son nacionales, desde mármoles a pavimentos de terrazo, paramentos de estuco a la italiana, elementos de metal (bronce y hierro revestido de latón), pinturas e iluminación. Esto incluye la gran luna de ocho metros del escaparate de Gran Vía, la mayor fabricada en España hasta entonces. Formando parte de los elementos de latón que se utilizan en el interior y que aportan cierto brillo, está el remarcable acceso y la barandilla de la escalera, con un diseño de curvas sinuosas que contrasta con el resto de los elementos decorativos. El local tuvo también las primeras puertas automáticas de España, todo un alarde de perfección técnica. También se instaló entonces la gran marquesina que hoy caracteriza la fachada, moldurada y con aplicaciones de punta de estrella, que aloja en su interior tubos de neón para la iluminación y que realza los paramentos y jambas de granito verde oscuro y pórfido verde claro de la fachada. El local tiene un piso sótano que alberga el Museo del reloj antiguo, cuya rotonda tiene una cúpula en escayola con moldura dorada. El tema del zodiaco, por su relación con las doce horas del reloj, está presente como elemento decorativo tanto en el exterior de la rotonda como en el interior, donde figura en el suelo y en el techo.

Detalle del techo original de la rotonda.