Historia

Alexandre Grassy

Nacido en Constantina (Argelia), de origen italiano y nacionalidad francesa, Alexandre Grassy llega a España a final de los años veinte del siglo pasado. Iba camino de América y sólo pensaba hacer una escala aquí, pero un joyero portugués con quien entabló amistad durante el viaje le hizo ver que su América estaba en España, entonces un país con gran futuro y oportunidades. Alexandre provenía de una familia de orfebres milaneses y su hermano mayor, Charles –que había emigrado a Brasil donde tenía una gran joyería–, le enseñó gran parte de esta actividad que él, hombre emprendedor y gran comerciante, supo aprovechar y desarrollar más tarde cuando se estableció en Madrid. De hecho, fue Charles quien diseñó los caballitos de mar enfrentados que siguen siendo el emblema de Grassy.

Las primeras joyerías: Infantas y Gran Vía 29

Una tienda-taller fue la primera joyería que abrió en la calle Infantas, especializándose en relojes. Este era un tema que a Alexandre Grassy le gustaba especialmente, ya que le fascinaban los mecanismos y la precisión de las maquinarias manuales.

Debido al gran éxito de este primer negocio, pocos años después, ya en 1923, abriría un segundo establecimiento en la zona comercial de la red de San Luis –en Gran Vía 29–, con el nombre de Unión Relojera Suiza. Grassy tenía ya por entonces “sucursal” en Biarritz y en París. Aquel local de Madrid tenía dos pisos y en el gran sótano trabajaban más de cincuenta relojeros. Su meta era trabajar en exclusiva con las marcas que vendía. De este modo dio a conocer en España nombres como Vacheron Constantin, Jaeger-LeCoultre y Audemars Piguet. Su reputación de casa seria y honorable fue creciendo a la par que el negocio, lo que desembocó en la apertura, en 1953, de una segunda tienda en el número 1 de la Gran Vía, donde se encuentra todavía hoy.

Gran Vía 1

Esta tienda, que convivió durante años con la del número 29 de la misma calle, se encuentra en una zona de la Gran Vía más elegante –el tramo más importante de joyerías de Madrid– y en ella Alexandre Grassy tenía la intención de atender a sus clientes más exclusivos. La nueva sede, que se mantiene a día de hoy, se sitúa en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, construido en 1916 y cuyo proyecto es obra del arquitecto español Eladio Laredo Carranza. La tienda, la primera con puertas automáticas de la capital, alberga en la parte de abajo el Museo del reloj antiguo, meca del amante de la relojería.

Catálogo de la joyería Grassy

Jirka Reznak

En 1959, se incorpora a Grassy el yerno de Alexandre, Jirka Reznak, que con sólo veinticuatro años se hace cargo del negocio. Jirka no conocía entonces el oficio por lo que siguió las instrucciones de su suegro, que mantenía la idea de que esta profesión no te la enseña nadie sino que tienes que “robarla”, es decir, aprenderla poco a poco a base de mirar, investigar, experimentar… Bajo su dirección, Grassy entra en una etapa de desarrollo y expansión económica. Se abren nuevos mercados con la representación exclusiva de las marcas Piaget y Baume & Mercier en 1960 y 1964 respectivamente, y con la distribución de la marca Rolex en 1967. Comienzan también las colaboraciones con artistas, destacando la emblemática exposición de joyas de Salvador Dalí en 1982.

Al mismo tiempo, se da un gran empuje a una faceta que ya había comenzado anteriormente Alexandre: el negocio de las antigüedades y objetos de arte. Además, se realizan para la ciudad algunos relojes, como el primer “reloj parlante”, que daba la hora por teléfono; el reloj floral que se colocó en el parque del Retiro o el gran reloj del edificio Telefónica. Aunque Grassy siempre tuvo joyería de fabricación propia, con Jirka Reznak este aspecto se potencia y se comienza a realizar una línea de joyería caracterizada por el uso de las piedras duras talladas como jades, corales, lapislázuli, turquesas o malaquitas –provenientes de pequeños talleres familiares de la Selva Negra (Alemania)– mezcladas con oro, perlas y brillantes. Una combinación inesperada y sorprendente, que proporcionó la seña de identidad de las joyas de Grassy de esta época junto con “Les Rocailles”, una colección emblemática de la firma que se continúa realizando hoy día.

Jirka Reznak

Broche de ágata labrada y oro, 1960

Yann Reznak

En la década de 1980, entra a formar parte del negocio la tercera generación de la familia con la incorporación de Yann Reznak, nieto de Alexandre. Yann, que sigue los pasos de su abuelo en lo que se refiere a su pasión personal por los relojes, sus complicaciones mecánicas y los alardes técnicos, ha sabido transmitir a la firma este amor por la relojería, consiguiendo que Grassy sea en España la meca por excelencia del amante del buen reloj. En 1989 impulsó también la apertura de una nueva tienda Grassy en la estratégica calle José Ortega y Gasset, en el barrio de Salamanca. De la mano de Yann, Grassy se ha convertido en una casa pionera con marcas tan conocidas como Bréguet, Bell & Ross, Enigma, Bédat o Chronoswiss, entre otras, implantando una red de distribución por toda la geografía nacional.

Patricia Reznak

En 2005, se incorpora a Grassy Patricia Reznak. Arquitecto de formación, Patricia ha acercado Grassy al diseño de joyas contemporáneo y al mundo del arte. Además de diseñar y llevar a cabo la dirección artística tanto de las colecciones de joyas como de las piezas únicas, ha desarrollado proyectos especiales como Florescencia, con la diseñadora Carmen Mazarrasa, consistente en una colección de doce collares realizados con los restos de piedras duras encontradas en los archivos de Grassy. Asimismo, ha impulsado colecciones de piezas únicas con artistas de la talla del escultor inglés Anthony Caro o la española Blanca Muñoz. También con Carmen Mazarrasa ha desarrollado Las joyitas de Grassy, una línea asequible dirigida al público joven. Bajo su dirección artística se ha promovido una amplia colaboración con el mundo del arte a través de acciones con artistas como Eugenio Ampudia, María Gimeno, Rocío Rein, Gloria Oyarzabal, Narelle Jubelin, Sandra Rein y Nuria Mora.