Hoy en día, el ritual de dar cuerda a un reloj es uno de los placeres de la vida. El simple acto de girar la corona estimula los sentidos para establecer una conexión más profunda con el flujo natural del tiempo. En los años 60 y 70, se fabricaron creaciones Grand Seiko de 10 alternancias de cuerda manual en busca de una mayor estabilidad de la marcha y una mayor precisión.