Carmen Mazarrasa

La colección Florescencia consiste en doce collares, todos ellos piezas diferentes que comparten un espíritu común: la inspiración floral -interpretada con todos sus matices, desde el más alegre al abiertamente nostálgico-, y la intención de volver a florecer. Cada uno de los collares es único e irrepetible y todos ellos son el fruto de la incursión de la joven diseñadora en los archivos históricos de la casa Grassy, de modo que al tiempo que significa una innovación, a la vez respeta la tradición de la firma al llevar a cabo una especie de “ejercicio del recuerdo” con la mirada totalmente novicia pero afilada de esta diseñadora.

Carmen, a quien Grassy ha dado carta blanca para este proyecto -y cuyo trabajo es conocido por la gracia y habilidad de ensartar cuentas, mezclar componentes y darles una vida nueva-, ha contado con pocos ingredientes y ha sabido darles el justo equilibrio para crear un producto sorprendente. Su labor consistió, principalmente, en una especie de investigación arqueológica de la antigua joyería, en desenterrar tesoros que encontró desatendidos en los cajones de los joyeros: el archivo de piedras. Esmeraldas facetadas, rubíes, ágatas y turquesas talladas en forma de flor, tubitos de coral, hojas de cuarzo, cuentas de ónix, perlas, turmalinas rosas cabochon... Además, Carmen se “apropió” de la caja de los modelos de plata, que se han utilizado en el pasado para hacer las monturas de los broches, gemelos, pendientes o sortijas. De entre ellos, eligió algunas piezas para fundirlas en oro e incorporarlos a los collares. Éstas actúan como un principio de ritmo, como hilo conductor.

Con estos dos elementos delante, ella ha sabido articular una colección cuyo aspecto formal viene dado por el propio “arsenal” de que disponía y que, en principio, parecía un legado absolutamente inconexo. La escasez fue tomada como punto de partida.

Como dice la propia diseñadora, que tiene una trayectoria como bisutera, enfilar es como contar un cuento, y el resultado de su trabajo en Grassy es afín a su obra anterior en la que conviven el interés por lo geométrico, la naturaleza y el reciclaje, sumados a una inclinación natural por lo exuberante y una particular fascinación por el color como motor.

 

 

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Eugenio Ampudia

“Solo caos veo ante mí” es la frase que figura en la joya diseñada en 2017 por el artista Eugenio Ampudia (Melgar, Valladolid, 1958) para Grassy. La pieza es una gargantilla realizada en estructura y letras de oro de 24K, una tipología que entronca con una tradición histórica que se remonta a antiguas civilizaciones y que Ampudia relaciona con el historiador alemán Aby Warburg que se hacía esa misma reflexión sobre el paso del tiempo en la historia del arte en su Atlas Mnemosyme.

Blanca Muñoz

La colección de la escultora Blanca Muñoz (Madrid, 1963) en colaboración con Grassy comprende varias piezas realizadas en oro y piedras preciosas, muchas de ellas con esculturas previas como punto de partida. Las “Salomé”, por ejemplo, que son como un esqueleto de oro dibujado en el aire, a veces con los huecos ocupados por calcedonias o ágatas veteadas que han sido labradas para adaptarse a la retorcida geometría y que dejan pasar la luz por su superficie lechosa. La gargantilla “Pandora” que tiene un efecto de gorguera en oro amarillo. Y las “Marañas” de oro de distintos colores salpicados de diminutas piedras de color o diamantes, que entrelazan sus eslabones con un juego de luces y sombras. Una serie de piezas surgieron de las piedras que interesaron a la artista y a partir de las que hace un dibujo. Es el caso de el colgante “Gorguera”, en el que el oro se pliega alrededor de una turmalina gigante, y también de broches como “Cosmos” y “Nebulosa”, de las grandes sortijas “Obispo”, de piedras insólitas que se engarzan en una montura de perfil orgánico o de los “Tornados”, un colgante y una sortija que emplean el mismo principio para abrazar dos piedras tan iguales como diferentes: una aguamarina y una calcedonia azul.

 

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Sir Anthony Caro

El artista Sir Anthony Caro (Londres, 1924-2013), uno de los grandes escultores del siglo XX, diseñó dos colecciones de joyas para Grassy. La primera en 2006, coincidiendo con su retrospectiva en el IVAM de Valencia, y una segunda en 2008. Las joyas de Anthony Caro son piezas únicas, firmadas y certificadas y de las que ya no quedan piezas disponibles. Realizadas en el taller de Francisco Pacheco de Madrid, son piezas de oro y plata con acabado mate. Para el escultor inglés, la escala era una actitud mental, no física, de modo que aplicó a este trabajo de pequeñas piezas de joyería la misma actitud que a sus grandes obras escultóricas. Las realizó de la misma manera en que se acercaba a una pieza de gran tamaño, sin dibujos, haciendo maquetas con lo que tenía a mano a su alrededor, así creó estas joyas, cuya importancia primordial son las formas abstractas y no el valor intrínseco del metal.

 

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