La Gran Vía y la calle Alcalá forman la esquina del “Edificio Grassy”,  así llamado desde que en 1952 se instalara en el número 1 la Joyería Grassy y entrara a formar parte de una de las imágenes más características de Madrid.

Esta proa emblemática ha sido fotografiada y reproducida por los mejores artistas desde la construcción de la Gran Vía, hace ahora 100 años. Los anuncios luminosos de las marcas relojeras sobre la fachada del edificio  han contado la historia de este negocio familiar: primeros importadores de  Jaeger-lecoultre y Audemars Piguet, distribuidores exclusivos de Piaget  y Baume & Mercier,  agentes oficiales de Rolex…

Pero la historia de Grassy se remonta mucho antes en el pasado. Su fundador Alejandro Grassy, descendiente de una familia de orfebres de Milán, nace en Argel, se establece en Río de Janeiro, Paris y Biarritz y llega a España en los años 20.

Grassy empieza su conquista de la Gran Vía en el año 1929 y en el número 29 con la Unión Relojera Suiza. Desde este floreciente negocio, con el taller más importante de Madrid con más de 80 relojeros, se introducen  por primera vez en España las grandes marcas suizas.

Veinte años después la firma se apropia de la esquina  más elegante de la ciudad: Grassy abre su nueva sede del número 1 de la Gran vía en el año 1952 e inaugura el Museo de Relojes Antiguos. La segunda generación toma entonces el relevo en el negocio familiar de la mano de Jorge Reznak, yerno del fundador.

En este local exquisitamente decorado con estucos italianos, frescos y pavimentos de terrazo se desarrolla un comercio más elitista.

Los grandes escaparates muestran las marcas relojeras y las joyas delicadamente expuestas junto con objetos de arte del siglo XIX, local único en Madrid con esta oferta.

En el sótano se exhibe la colección de Relojes Antiguos, de gran interés, que consta de  piezas de manufactura francesa, inglesa y alemana abarcando desde el siglo XVI al XIX.

En los años ochenta se incorpora al negocio Yann Reznak, nieto del fundador y la firma conquista la “milla de oro” abriendo un nuevo establecimiento, de carácter más moderno, en el número 17 de la calle José Ortega y Gasset.

 
 

En la actualidad Yann Reznak y su hermana Patricia dirigen la empresa con el espíritu pionero que siempre ha prevalecido en Grassy.

Las sedes de Gran Vía y Ortega y Gasset son los escenarios más idóneos para descubrir el espectáculo de la mejor relojería, aspecto en el que Yann Reznak pone su nota de calidad con el conocimiento pormenorizado de las grandes marcas y un fino sentido para descubrir nuevas firmas. La oferta relojera en Grassy abarca desde las marcas de “tendencia “ tal que Bell & Ross o Ralf Tech hasta las dirigidas a los grandes coleccionistas amantes de las complicaciones relojeras como F.P. Journe o Chronoswiss.

La joyería con diseño propio, tanto en reediciones de los años sesenta y setenta, como en las piezas “alta costura” diseñadas por Patricia Reznak , evoca el pasado y el futuro de la firma.

Además, y aquí vuelve a asomar el carácter emprendedor de la casa, Grassy ha creado un espacio para el Arte uniéndose a artistas plásticos de reconocido talento y jóvenes diseñadores, realizando una joyería única en su género que muestra otro detalle singular del patrimonio familiar: la sensibilidad para captar y promover nuevas vías de expresión artística.