Multitud de invitados pudieron apreciar, durante más de dos horas, cómo Gimeno destejía una pieza de croché colocada en torno a las columnas de la tienda, justo encima del Museo de Relojes Antiguos de Grassy. La artista se tomó unos minutos para observarla. Después comenzó la acción. Justin rasgaba las cuerdas de su guitarra reinterpretando la canción folk “The Captain hollers hurry, I take my time, he’s making money and i’m making time” (El Capitán mete prisa al trabajador; yo tomo mi tiempo, él necesita hacer dinero, yo estoy haciendo tiempo), Gimeno tiraba de la hebra: la pieza se destejía poco a poco, las palabras tejidas desaparecían en una acción en la que Gimeno lanzaba preguntas: “¿Vuelvo atrás en el tiempo? ¿Estoy perdiendo el tiempo?”.

La pieza de lana era a cada momento más pequeña, el ovillo crecía y pesaba más. Los ritmos cambiantes de la pieza sonora de Justin sustentaban la acción y mantenían la tensión necesaria.

La propia María Gimeno detalla las motivaciones de la obra: “Una de las pocas observaciones acerca del tiempo en la que todos estamos de acuerdo es que la duración del tiempo es relativa, a veces, cinco minutos no acaban nunca y otras pasan volando sin ser siquiera percibidos ¿De qué depende? Se habla de tiempos paralelos que discurren a diferentes velocidades; de tiempo lineal y de tiempo cíclico, donde conviven presente, pasado y futuro como en un laberinto; de la eternidad, de la necesidad de trascender y de la inmortalidad… El tiempo dura lo que dura una vida y sin embargo nos rebasa, es infinito”.